Funk y música electrónica: un puente que existe desde hace décadas
Antes de llegar a las pistas de Europa, el funk carioca nació de un ritmo electrónico importado de Miami.

Cuando el funk brasileño suena en un club de Barcelona o Berlín, parece una novedad. Pero la relación entre el funk y la música electrónica es antigua. Empieza en los años 80, con discos que llegaban de Miami.
El comienzo en Miami
El Miami bass era una música hecha con caja de ritmos, con graves largos y un ritmo acelerado. En los bailes de Río de Janeiro, los DJs pinchaban esos discos para multitudes. Poco a poco, la escena empezó a grabar versiones propias, en portugués.
En 1989, el recopilatorio Funk Brasil, publicado por DJ Marlboro, ayudó a consolidar ese giro. A partir de ahí, el funk carioca tuvo ritmos, voces y jerga propios.
El ritmo que se volvió firma
En el paso a los años 2000, el tamborzão trajo una percusión más brasileña, inspirada en los atabaques. Después llegaron el mandelão de São Paulo y las variantes de Belo Horizonte, cada una con su propio timbre. El funk nunca dejó de ser música electrónica: siempre se hizo con máquinas, para la pista.
El funk no llegó a la música electrónica. Siempre estuvo en ella, solo hablaba otro idioma.
La vuelta al mundo
Hoy, productores de muchos países usan ritmos de funk en house, techno y música latina. Para un DJ brasileño fuera del país, esa historia es una ventaja: el público ya conoce el sonido, pero rara vez escucha a quien creció dentro de él.


